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Diario de motivación para aprender inglés- Capítulo 1 Rosaura y Teresita

Lo más importante para seguir avanzando con el inglés, no es aprender gramática, estructuras, vocabulario, listening y speaking; es la motivación. Si no estás motivado, el estudio no es posible, o es posible a duras penas y sufriendo. Y nosotros, no queremos que sufras, si no que disfrutes aprendiendo cada día.

Es fácil desmotivarse con el inglés porque cuesta, cuesta mucho sobre todo conseguir un nivel alto. Por eso, para este nuevo curso que comienza he decidido hacer un diario de motivación, que alternaré con cursos gratuitos y posts de todo tipo.

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En la vida hay dos tipos de personas: las que hacen del fracaso su triunfo y las que hacen de su triunfo un fracaso.

En el primer grupo está mi amiga Rosaura. Hace del fracaso su triunfo.

En 1986, cuando vivía en Estados Unidos (Miami, Florida) conocí en la Universidad a Rosaura. Era hija de inmigrantes puertorriqueños (*) y había llegado a Miami muy joven por lo que su inglés era fluido.

Rosaura no era guapa, pero sí tremendamente simpática. Tenía un don para las relaciones públicas, siempre estaba hablando con gente, invitando a gente, y yendo a fiestas y eventos en la facultad de Derecho donde cursaba primero de carrera.

Juan Soto, el padre de Rosaura había trabajado muy duro como mecánico y con mucho esfuerzo y empeño se había convertido en propietario de dos talleres de reparación de coches en Miami. La madre, Victoria, era una señora gordita y alegre, a quien le gustaba cocinar y cuidar de la casa. Sin duda, Rosaura había heredado su carácter; siempre positivo. Los dos hijos de Victoria, Rosaura y Manuel habían conseguido llegar a la Universidad. No obstante, Rosaura dejó la carrera de Derecho  (que nunca le acabó de gustar) en el primer año para casarse con Henry.

Henry, era lo opuesto a Rosaura. No le gustaba mucho la gente y prefería estudiar antes que salir. Así llegó a ser un reputado médico oftalmólogo y Rosaura una feliz madre de familia y ama de casa.

La volví a ver hace poco. Vino de visita a Madrid. Estaba haciendo una gira turística por España. Sus hijos estaban ya estudiando en la Universidad y ella y su marido se dedicaban a viajar por el mundo. Estaba igual: alegre, dicharachera y siempre en contacto con amigos, conocidos y familia. Nunca tuve la impresión de que a Rosaura le hubiese pasado nada malo en su vida.

Siempre que hablo con ella es como si le hubiese acabado de tocar la lotería tanto que alguna gente, según ella misma dice, le tiene envidia.

Rosaura es para mí el ejemplo de que se puede ser feliz y sentirse realizado en la vida sin tener que tener títulos, ni una carrera universitaria, ni un CAE. Solo hace falta ser feliz y regalar esa felicidad a la gente que te rodea. 

La gran ventaja de Rosaura (esto lo he aprendido mucho tiempo después), es que esa fue siempre su gran habilidad innata.  Sí: saber ser feliz con todo.

En el segundo grupo, está Teresita (hace del triunfo su fracaso) a quien conocí en el 2004 en una empresa en la que trabajaba como profesora de inglés.

Teresita es una inmigrante rumana que trabaja limpiando oficinas y casas.  Es muy buena persona, también nerviosa y ensimismada. Siempre parece agobiada y es muy negativa; suele decir frases como estas:“¡Y ahora esto!….” “¡Estos malditos que me hicieron esto…!“¡Qué mala suerte! Me caí y casi me rompo una pierna por ir tan rápido por la calle”! ¡Es lo que hay!; va corriendo de casa en casa para llegar tiempo a limpiar y hacerse cargo de su marido.  Sus pesares tienen explicación y la justificación que ahora diré.

Vino a España a finales de los años 90 con su marido, que trabajó en la construcción hasta que enfermó en el 2012.

Yo charlaba mucho con ella porque tenía que esperar entre clase y clase en una oficina en la que ella iba a limpiar. Así fue como me hice amiga de ella y me enteré de sus desgracias. Las paso a relatar:

  • Quizás por mala alimentación en la infancia se le cayeron todos los dientes.
  • Fue a un dentista para arreglar el problema y salió peor. Se quedó con su dinero, y la dentadura postiza que le hizo no le sirvió de nada. Tuvo que buscar a otro dentista que le cobró mucho más por arreglar la chapuza.
  • Tuvo que pedir un crédito de unos 6.000 euros para pagar el arreglo de la dentadura y para ir tapando agujeros. No sé sus cuentas, pero me imagino que los intereses que le cobran son astronómicos. Sale de un crédito para meterse en otro.
  • Su marido enfermó con 50 años. Algo así como una mezcla de Alzheimer y Parkinson. Tuvo que dejar de trabajar y Teresita se convirtió en el único sustento de su hogar. Sus hijos en Rumanía estudiaron carreras, pero lo que ganan es tan poco que no pueden salir de la pobreza. Uno de ellos se ha venido a España a hacer chapucillas.
  • Se quemó el cuello por lo que lleva una cicatriz que le asoma por la camisa. Estaba haciéndose un tratamiento casero del dolor de espalda con una velas en aceite. Se le cayó el aceite caliente en el cuello.
  • Tuvo lombrices en el estómago por comer alfalfa que cogió de un parque.
  • Siempre tiene algún achaque de huesos, dolores de espalda y problemas de estómago y solo tiene 47 años.

Actualmente sobrevive en Madrid en un piso de alquiler compartido con el marido y otros inmigrantes. No creo que nunca haya sido muy feliz.

Teresita es para mí el ejemplo vivo de la Ley de Murphy: “si algo puede ir mal, irá mal con toda seguridad”.

Pero, ¿es verdad que la vida de Rosaura es de color de rosas y la vida de Teresita del color de las hormigas? ¿Cómo puede haber tanta diferencia?

Si bien es verdad que la suerte existe, no todo es producto del azar.

Algunas veces la pretendida mala suerte es producto de la ignorancia, la indisciplina, la vaguería, el lugar donde hayamos nacido, nuestro entorno cultural, lo que hayas aprendido en la escuela y de tus padres, la estupidez, o simplemente de la negatividad.

Creo que una parte importante de la mala suerte de Teresita viene de su negatividad. Y, es lógico, no ha visto otra cosa en su vida que desgracia, y por tanto, siempre tiene la impresión de que todo lo que ocurre es malo. Por lo demás, ser negativa le resulta beneficioso.

Si alarmas a quienes te rodean, sentirán compasión y acudirán a ayudarte. Por eso que para aquellos que están necesitados puede ser una muy buena arma el contar tus penas y desgracias, y quejarte de todo. De hecho, en algunas ocasiones intenté ayudar a Teresita, aunque no con mucho éxito porque siempre venía otro mal que parecía anular el resultado positivo de la ayuda.  Imagino que otras personas también la han intentado ayudar; y me temo que el resultado ha sido similar al mío.

Lo que no es tan buena idea es utilizar esta táctica para todo lo que hacemos: yo no soy culpable de nada, todo me va mal porque siempre he tenido mala suerte. Esto es lo que ha ocurrido con Teresita y ella ni tan siquiera se da cuenta.

Lo mismo ha ocurrido con Rosaura, pero en sentido contrario.

Su vida no es siempre inmensa felicidad con el mínimo esfuerzo; no. Solo que ella se ha acostumbrado a decir que todo va bien porque ha sido verdad que las cosas le han ido bien. Eso lleva a pensar a casi todo el mundo que es muy bueno estar a su lado y lo bueno sigue ocurriendo en su vida.

Alguien podría pensar que Rosaura tenía suerte porque se casó con un hombre con dinero.  Sí, efectivamente esto ha sido así, se casó con un hombre de buena posición social. Pero ¿no será también que la personalidad de Rosaura atrajo a Henry? Rosaura es una experta relaciones públicas que anima a todo el mundo; justamente lo que falta a su marido. Con lo cual, él pone los recursos económicos y ella pone en su vida la felicidad. Hay un justo equilibrio para ambos; con lo cual la suerte de Rosaura no viene dada porque encontró una persona bien situada económicamente, si no porque ella creó su propia felicidad.

¿Por qué menciono a estos dos casos extremos? Porque quiero que te situes.

¿En qué lugar estás tú? ¿Le echas la culpa a los demás de todo lo malo que te ocurre? ¿Eres muy negativo/a porque las cosas te han ido mal hasta ahora con el inglés, con tu vida?

Quiero que empieces a pensar que eso de pensar en negativo se acabó; que es necesario pensar en 1) que somos responsables de nuestros actos (no los demás) y 2) puede que hayas tenido una vida difícil hasta ahora, pero si empiezas a pensar que algunas de las cosas pretendidamente “malas” de tu vida son grandes ventajas, el curso de tu vida cambiará.

Doy ejemplos de grandes ventajas:

  • Ser un inmigrante porque tienes la fuerza para luchar de la que carecen los que lo han tenido todo, porque aprendes a valorar las diferencias, porque amplias miras y tu mundo se engrandece, porque te vuelves más tolerante.
  • Ser muy mal estudiante de inglés porque entiendes mejor los fracasos de otros en materias que a ti se te dan bien, porque te hace humilde, porque te enseña paciencia.
  • No tener dinero porque comprendes mejor a quienes pasan necesidades y aprendes a competir contigo mismo para tener una vida mejor
  • No encontrar trabajo porque aprendes a ser humilde y hacer el esfuerzo de superarte.
  • No aprobar un examen porque te enseña humildad y a trabajar duro para conseguir tus metas.

Si te van mal las cosas con el inglés, empezaremos a verlo todo con otro cristal: todo lo que has ganado gracias a esa pequeña “desgracia” de no saber hablar inglés bien.

Aún me queda por explicar por qué considero que Teresita está en el grupo de aquellos que hacen de su “triunfo un fracaso”. Esto lo haré en el próximo capítulo.

Mónica

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(*) Estrictamente hablando no eran inmigrantes porque los puertorriqueños son ciudadanos de Estados Unidos con los mismos derechos y obligaciones que los estadounidenses desde 1917, pero digo que eran “inmigrantes” porque habían nacido en Puerto Rico, su lengua materna era español y su cultura era la puertoriqueña.

 

 

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